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FIDEL CASTRO
PorJosé Manuel Bustamante el Mon Sep 27 at 9:15 pm Uhr
 
«Ni un paso atrás. Ni para tomar impulso». Esto dicen que dijo Fidel Castro en algún momento. Verdad o mentira que alimenta la leyenda sobre su persona, así lo creía el Fidel que entró triunfante en La Habana con el fusil en alto el 8 de enero de 1959 y también el que se ha visto obligado a delegar en su hermano Raúl después de una intervención quirúrgica. Antes de entrar en el quirófano, el único dirigente vivo que le aventajaba en número de años en el poder era el rey Bhumibol de Tailandia. Ha visto derrumbarse el Muro de Berlín, extinguirse a la Unión Soviética y pasar a 10 inquilinos por la Casa Blanca. Hasta que una hemorragia intestinal le ha apartado por vez primera del poder. Pero, ¿quién es Fidel? O, más bien, ¿qué es Fidel? Convertido en personaje de enciclopedia, ningún retrato puede ser aséptico.

Sus enemigos le han dado varias veces por muerto. Sin embargo, también hay quien asegura que se ha cuidado con esmero, a pesar de su última recaida. Que pocas veces se desvía de una espartana dieta de verduras y pescado hervido. Hace tiempo que no fuma los legendarios habanos. En 1985, para dar ejemplo durante una campaña contra el tabaquismo, dijo adiós a los cigarros. Y hace 10 años confesó esto a un grupo de maduras mulatas de La Habana Vieja, que le asaltó en la calle para felicitarle su cumpleaños: «Jamás imaginé que iba a vivir 70 años. Ahora, de repente, uno descubre que casi todo quedó por detrás y que la vida tiene sus límites».

Aunque energía a raudales nadie le ha negado nunca. Pero ante sus íntimos muestra su faceta humana. Hace ya más de dos décadas que su amigo Gabriel García Márquez le preguntó qué es lo que más anhelaba. «Pararme en una esquina», fue su respuesta.

La familia
Quizá gran parte de lo que representa Fidel se deba a su educación con los jesuitas. Nació el 13 de agosto de 1926 en Mayarí, provincia de Holguin. Su padre, el gallego Ángel Castro Argiz, se labró una fama de latifundista cruel. Nacido en la aldea gallega de Láncara, llegó a la isla para no dejarla poco antes de la independencia, en 1898. Tuvo dos hijos con su mujer, María Argota, antes de enamorarse de una joven que trabajaba en su casa, Lina Ruz.

Con Lina, Ángel Castro tuvo siete hijos, entre ellos Fidel. Ramón ha trabajado como ganadero en Cuba; Raúl es ministro de las Fuerzas Armadas y segundo del régimen; las hermanas, Ángela, Agustina, Juana y Enma, no se dedicaron a la política, aunque Juanita se convirtió en una de sus más feroces enemigas. «No es el mismo Fidel. El poder le matará», decía Juanita en Miami. Allí mantienen que las relaciones de Fidel con su padre fueron pésimas, que tuvo una infancia de niño pobre en una familia rica que le marcó para toda la vida. Lo indudable es que Ángel Castro le proporcionó una educación espartana y exigente con los jesuitas en los mejores colegios del país. Y también que uno de los acontecimientos más amargos en la vida de Fidel fue que no pudo despedirse de él. Murió en 1956, cuando preparaba desde México el desembarco en Cuba. Estuvieron juntos por última vez tres años antes. Su madre sí tuvo tiempo de verle triunfar, antes de morir en 1963.

Sobre la vida privada de Fidel se han escrito miles de páginas, aunque nadie sabe cuántas se ajustan a la realidad. «Es tal el pudor con que protege su intimidad, que su vida privada ha terminado por ser el enigma más hermético de su leyenda», ha dicho García Márquez. Sólo se ha casado una vez. Fue en 1948, con Mirta Díaz Balart, hermana de un compañero de universidad, una chica rica, de buena familia. Tenía 22 años. Once meses después de la ceremonia nació el único hijo reconocido, Fidelito. Aseguran en Miami que la pareja recibió un cheque del dictador Batista, al que derrocó Fidel, para gastar en el viaje de novios a EEUU. Allí, en la patria del imperialismo, la tierra del enemigo histórico de Cuba, compró su primer libro de Lenin. Parece que la excesiva cercanía al dictador de la familia de su esposa precipitó el divorcio, en 1954.

Otras tres mujeres, además de su esposa, han ocupado un lugar privilegiado en su vida. Natividad Revuelta, Naty, casada con un cardiólogo, le ayudaría en su época de guerrillero, ocultándolo en su casa. Le salvó la vida. Tuvieron una hija, Alina Fernández Revuelta, que Fidel nunca ha reconocido. Una de las 'traidoras' más ilustres de Fidel, y más explotadas por el exilio. «Todos los males de Cuba tienen un nombre: Fidel Castro», repite en las entrevistas. Alina trabajó como modelo en la isla, y nunca ocultó sus diferencias con su padre y con el régimen. Abandonó Cuba en diciembre de 1994.

La mujer más importante de su vida fue Celia Sánchez, que permaneció 23 años a su lado. Amiga, confidente, secretaria, su relación nunca fue clara. Dicen que en su casa del barrio habanero del Vedado, el comandante en jefe descansaba de sus fatigas. En 1980, el cáncer le arrebató a su compañera.

En los últimos años salió a la luz una de sus relaciones más importantes, la que mantuvo con Dalia Soto del Valle. Maestra, se conocieron durante una de las famosas campañas de alfabetización de los años 60. Parece ser que con ella ha tenido cinco hijos varones. Sus nombres empiezan por 'a': Alexis, Álex, Alejandro, Antonio y Ángel.

La lucha. Luces y sombras
Hijo al fin y al cabo de la burguesía cubana, se benefició de la fortuna paterna accediendo a una educación elitista. Ya en la universidad destacó por su activa militancia política. Y fue en las aulas de la Universidad de La Habana donde nació su sueño de derrocar la dictadura de Batista con las armas. La primera de sus gestas coincidió con el centenario del héroe cubano de la independencia, el poeta José Martí. El 26 de julio de 1953, Fidel dirigió el histórico asalto al cuartel Moncada, en Santiago. Más de 60 de los 135 asaltantes perdieron la vida, en combate o ajusticiados. El joven líder fue encarcelado después de su célebre alegato ante el tribunal, que tituló 'La Historia me absolverá'.

Después de beneficiarse de una amnistía, se exilió en México, donde preparó concienzudamente el regreso. Allí conoció al Che. Juntos se embarcaron el 25 de noviembre de 1956 en el puerto mexicano de Tuxpan en el yate 'Granma', junto a otros 79 combatientes. Sólo 16 llegaron sanos y salvos a las estribaciones de Sierra Maestra, donde comenzaron la guerra de guerrillas que les llevaría a La Habana tres años después. Batista huyó de Cuba el 31 de diciembre de 1958, y Castro llegó a la capital el 8 de enero de 1959.

En plena Guerra Fría, la enemistad de Washington arrojó a Fidel en brazos de Moscú. De nada sirvió que el 15 de abril de 1959 visitara EEUU durante 12 días. En febrero de 1961, un grupo de anticastristas desembarcó en Playa Girón (Bahía de Cochinos). La revuelta fracasó, pero poco después, el 3 de febrero de 1962, el presidente Kennedy ordenaba el bloqueo total de la isla.

La 'crisis de los misiles' contribuyó aún más a la 'sovietización' del comandante en jefe. En octubre de 1962, el espionaje estadounidense descubrió que la URSS preparaba en la isla la instalación de rampas de misiles. La crisis se resolvió, pero Cuba cayó en la órbita de Moscú hasta que desapareció su imperio en 1991. La Constitución de 1976 estableció que el partido comunista es «la vanguardia organizada de la nación cubana y la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado». ¿Y Castro?: jefe del partido, jefe del Ejército, jefe del Gobierno, jefe del Estado... Y detrás de él, su hermano Raúl. Hasta hoy.

Al lado de los grandes desafíos del régimen cubano, siempre estaba Fidel. En 1969 embarcó a todo el país en la gran zafra (recogida de la caña de azúcar). Quiso que se produjeran 10 millones de toneladas de azúcar. Fracasó, sólo se obtuvieron 8,5 millones de toneladas, pero fue un récord absoluto. Envió a miles de soldados y técnicos a las grandes 'causas internacionalistas': las guerras de Angola y Etiopía, intentonas revolucionarias de América Latina, colaboración con el Chile de Allende, como ahora con la Venezuela de Chávez... En 1980, azuzó la crisis de los 'marielitos'. Desde el puerto cubano de Mariel salieron en dirección a EEUU decenas de miles de cubanos, muchos de ellos delincuentes comunes. Washington se vio obligado a aceptarlos. La caída del Muro de Berlín en 1989 inauguró lo que llamó «periodo especial en tiempos de paz», una serie de medidas draconianas que no han impedido una crónica crisis económica.

Y así hasta hoy. La leyenda de Castro el inflexible quedó evidenciada el 13 de julio de 1989. El general Arnaldo Ochoa, veterano de Sierra Maestra y el militar más condecorado en África, fue fusilado en un turbio caso de narcotráfico. Los líderes opositores encarcelados, desde Elizardo Sánchez a Oswaldo Payá, le restaron apoyo incluso entre la izquierda de muchos países, a la que creía incondicional. Mientras EEUU endurecía el bloqueo, la 'crisis de los balseros' de 1994 constituyó otro duro golpe. Pero Fidel siempre aparecía de nuevo para contrarrestarlo. Por ejemplo, en 2000, de la mano del niño balsero Elián González. Su madre se lo había llevado a EEUU, y su padre lo reclamaba en Cuba. Venció el padre. Venció el comandante en jefe. Ni un paso atrás...

Si en su 70 cumpleaños ya echaba la vista atrás, con más motivo lo hará ahora. ¿Qué verá Fidel? «Fidel ha conseguido todo lo que quería, y cuando esto ocurre se produce un enorme vacío». Son palabras del escritor Norberto Fuentes, un hombre del régimen que se hartó. Tanto que se embarcó junto a su esposa en una balsa. La barca naufragó, pero Fuentes consiguió salir por otros medios. Al margen de amigos y enemigos, de la Revolución y de Fidel, Manuel Vázquez Montalbán escribió lo que puede rondarle por la cabeza al líder cubano: «Tampoco es fácil llegar a la conclusión de que Fidel Castro no se haya dado cuenta de que la revolución ya no es lo que era y que, como en los boleros, representa lo que pudo haber sido y no fue o que, como en los tangos, se haya ido con otro». Sea como sea, la idea que ha estado en la mente de la mayoría durante décadas («Morirá en la cama, nadie le sacará del poder»), se desvaneció el día 19 de febrero de 2008, cuando
 

La sombra en Latinoamérica
Por Felipe Sahagún el Mon Sep 27 at 9:13 pm Uhr
 
Con gritos de «Fidel, Fidel» y «se siente, el Che está presente», Fidel Castro fue recibido el 22 de julio en Alta Gracia (Córdoba), lugar donde Ernesto Che Guevara vivió de los cuatro a los 15 años, a unos 700 kilómetros al noroeste de Buenos Aires.

En su inconfundible uniforme verde oliva y escoltado por su hijo espiritual más aventajado, Hugo Chávez, el presidente cubano reconoció que, sin el Che, la revolución cubana seguramente no habría triunfado. Desde luego, sin el Che, no habría tenido la influencia decisiva que tuvo, sobre todo en América Latina. Cambió y fragmentó a la izquierda, provocó reacciones extremas de la derecha y de EEUU, dividió el continente en comunistas y anticomunistas a la sombra de la doctrina de la seguridad nacional y convirtió América Latina en uno de los principales campos de batalla de la Guerra Fría hasta la caída del muro de Berlín.

La Habana se convirtió en la Meca revolucionaria a la que guerrilleros veteranos y aficionados acudían a formarse ideológica y, con frecuencia, militarmente. Durante muchos años, cada vez que algún Ejército latinoamericano desmantelaba una base guerrillera en el hemisferio occidental encontraba libros o copias de los escritos del Che sobre la guerra de guerrillas. El secuestro de Di Stéfano por las FALN en Caracas, en 1963, fue una copia calcada del secuestro del piloto de carreras Juan Manuel Frangio cinco años antes por agentes de Fidel.

No fue casualidad que casi todas las guerrillas latinoamericanas surgieran o se transformaran radicalmente tras la proclamación en abril de 1961 de una Cuba socialista por el presidente Osvaldo Pórticos Torrado, uno de los supervivientes, con Fidel, del Movimiento 26 de julio: los 160 rebeldes que asaltaron el 26 de julio de 1953 el Cuartel Moncada, segunda guarnición militar del dictador Fulgencio Batista.

«Cuba cayó como una tormenta de truenos sobre el escepticismo y el legalismo de América Latina», ha dicho Régis Debray. «La admiración unánime de la revolución cubana fue clave en el nacimiento del ELN peruano», ha reconocido Héctor Béjar. «La gloriosa revolución cubana es el ejemplo concreto de nuestra lucha», ha confesado Douglas Bravo, de las FALN venezolanas. Luis de la Puente Uceda, fundador del MIR peruano, reconoció ser «un admirador fanático» de Fidel.

Sorprendentemente, los revolucionarios cubanos nunca llegaron a tener el poder militar ni el apoyo rural que tuvieron sus imitadores en países como Colombia, Guatemala, Nicaragua, Venezuela o El Salvador. Los sandinistas, que durante diez años —del 79 al 89— lograron en Nicaragua el único régimen revolucionario triunfante desde la entrada de Fidel en La Habana, si exceptuamos el breve paréntesis de Allende en Chile al final de su mandato, tampoco alcanzaron, en número ni en armas, la fuerza de movimientos como el FMLN salvadoreño.

¿Por qué triunfaron los insurgentes cubanos y, temporalmente, los nicaragüenses, mientras los demás fracasaron? La clave, como señala Timothy P. Wickham-Crowley en 'Guerrillas and Revolution in Latin America...', está en los regímenes a los que se enfrentaron unos y otros. Batista y Somoza facilitaron, con sus abusos y errores, la formación de una resistencia que trascendió clases sociales, etnias, razas y, durante la fase guerrillera y los primeros años en el Gobierno, hasta las ideológicas. Los discípulos de Fidel olvidaron la lección e ignoraron sistemáticamente las condiciones que llevaron a Fidel a la victoria.

El éxito de Fidel, para desgracia de la mayor parte de los cubanos, hizo creer a muchos intelectuales de la izquierda moderada latinoamericana que, si Cuba había logrado hacer la revolución en el patio trasero del gran imperio, a pocas millas de sus costas, más fácil sería conseguirlo en Chile, Colombia o Perú.

Sendero Luminoso tiene un origen diferente. Desde su nacimiento optó por la línea maoísta, dando la espalda tanto a la revolución cubana como a las múltiples ofertas de apoyo de la Unión Soviética tras el alineamiento de Fidel con Moscú en contra de los deseos del Che.

En su Segunda Declaración de La Habana, Fidel declaró que «las revoluciones no se exportan, son el trabajo de cada pueblo». Otros, como Richard Kiessler, mantienen que las revoluciones son subsistemas dependientes de sistemas revolucionarios globales y no pueden subsistir al margen de estos. Con una mezcla de palos y zanahorias, desde la caída del muro de Berlín Fidel ha demostrado, en los últimos años con la inestimable ayuda de Chávez, que se puede sobrevivir al desplome del sistema dominante. También ha demostrado su resistencia al cambio, mientras casi todos sus imitadores se han convertido a la democracia o han sido literalmente barridos del mapa por dictadores o demócratas
 

La leyenda que aún dispara
nuria el Mon Sep 27 at 9:11 pm Uhr
 
La leyenda que aún dispara
Por Nuria Labari
«Soy el Che y valgo más vivo que muerto». Éstas fueron las palabras con que Ernesto Che Guevara (Rosario, Argentina, 1928) amenazó a sus captores un día antes de ser fusilado en La Higuera (Bolivia), el 9 de octubre de 1967. Aquel guerrillero acorralado no podía imaginar entonces que su muerte lo convertiría en leyenda. Menos aún que la industria capitalista iba a ser la encargada de hacer de la leyenda, mito.

Un año después de su ejecución, los estudiantes europeos ya levantaban su imagen en banderas y estandartes en sus manifestaciones; su imagen se imprimía por millones y el icono del Che resultaba rentable en todo el globo. Su odio contra el imperialismo se reciclaría en simpáticas camisetas para lucir en las High School norteamericanas y su visión ecuménica de la Revolución quedaría arrinconada por la utilización que hizo Fidel Castro de su figura como héroe oficial del régimen cubano.

No se trata de la única paradoja en la vida del revolucionario más admirado de la Historia. El Che fue un niño débil y muy delicado, enfermo de asma desde los tres años, que en lugar de ir al colegio se quedó en casa con su madre, quien sería su tutora durante toda la primaria. Cuando ingresó en la Universidad (1947), el que aún fuera Ernesto Guevara, carecía de interés por la política. De hecho, al comenzar sus célebres viajes de juventud por América Latina, más que un revolucionario, Ernesto era un guaperas desorientado cuya máxima era la seducción de mujeres hermosas, y no tanto.

Pero las escapadas que fueran la válvula de escape de un estudiante de medicina del montón, se convirtieron en un máster en realidad social de América Latina para un justiciero vocacional. Las tribus indígenas del norte de Argentina (1949) fueron el aperitivo que precedió al periplo por el continente (Chile, Perú, Colombia, Venezuela, Miami) a lomos de su Norton 500 en el 51, fetiche máximo después de la película 'Diarios de motocicleta'. Sus notas de entonces no dejan lugar a dudas sobre sus inclinaciones: «Ya siento mis narices dilatadas, saboreando el acre olor a pólvora y de sangre, de muerte enemiga».

En el 53 aterriza en México y flirtea por primera vez con la revolución y con su nueva amante Hilda Gadea, una marxista de ascendencia indígena que le presentaría al revolucionario Nico López y éste después a Fidel Castro. Tras el 'golpe de Estado' de la CIA en 1954, el Che se incorpora a la resistencia mexicana.
Es en un rancho de Jalisco donde se convierte en un profesional de la guerra de guerrillas gracias a un curso impartido por el coronel Alberto Bayo. Los dones naturales que había demostrado como cabecilla en aquella 'granja-escuela' con explosivos de verdad, aparcaron el beneficio de la duda cuando, en 1956, se convirtió en uno de los 12 supervivientes del desembarco del 'Granma' en Cuba. Era ya uno de los líderes destinados a derrocar al dictador Batista.

Y de ahí a la Historia. Como hombre de confianza de Castro dirigió la batalla de Santa Clara, que oficializó el triunfo de la Revolución. Se inaugura entonces su etapa de hombre político y, con el poder en la mano, uno de sus períodos más oscuros. Como director de la cárcel de La Cabaña en La Habana (1959) es el responsable de los varios centenares de ejecuciones —menores de edad incluidos— que tuvieron lugar aquel año en el penal. Los que aún le apodan como 'el carnicero de la Cabaña' aseguran que disfrutaba del oficio de verdugo, aunque la mayoría de sus biógrafos insisten en que es preciso contextualizar aquellos actos en la situación del momento.

En todo caso, al Che Cuba le quedaba pequeña y a los 36 años abandonaría a su mujer, a sus cinco hijos, su cargo de ministro y su grado de comandante para liderar a una revolución continental que no podía esperarlo más. En sus arengas dejó bien claro que matar era una disciplina revolucionaria cuyo mejor motor era el odio. Más concretamente «el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal».

De sobra sabía el Che que, igual que mataba, podría morir por sus ideas en cualquier momento. Y ese momento llegó en 1967, en Bolivia, atrapado por 'rangers' bolivianos entrenados por EEUU. «¡Serénese y apunte bien! ¡Va usted a matar a un hombre!», fue su última frase. Y el verdugo debió temblar en el último momento porque, si algo quedó claro después de aquel disparo es que ¡El Che Vive!
 

LA REVOLUCIÓN
nuria el Mon Sep 27 at 9:07 pm Uhr
  Cuando en marzo de 1952 Fulgencio Batista —que había gobernado en Cuba entre 1934 y 1944— dio un golpe de Estado para evitar la previsible victoria democrática de la oposición, el Partido del Pueblo Cubano (PPC), se encontró con la firme oposición de un 'niño bien' llamado Fidel Castro. Entonces era imposible predecir que la sangre burguesa de aquel joven abogado de familia pudiente fuera el motor del primer Estado socialista de América Latina.

En 1953, nadie interpretó como un peligro real para el régimen de Batista el tibio asalto al Cuartel de Moncada que Castro y otros estudiantes llevaron a cabo el 26 de julio. Sin embargo, aquel fracaso —los participantes fueron arrestados o asesinados— pasaría a la Historia como el Movimiento del 26 de julio, primera intentona comunista y germen de una 'revolución marxista', inventada por isleños que ni siquiera pertenecían al Partido Comunista.

Cuando Castro consigue salir de prisión se marcha a México junto con su hermano y desde allí organiza la expedición del 'Granma', que desembarca en Cuba en 1956. En aquel barco viajaba también Ernesto Che Guevara, el argentino anónimo que se sumó al sueño de Castro en el país azteca.

Las cosas no salieron como estaban previstas y de los 80 revolucionarios que formaban la tripulación unos 60 fueron capturados o muertos. Los efectivos mermaban en cada acción, pero el ánimo revolucionario tenía aún cuerda para rato. Y la convicción de aquellos líderes hizo crecer a la guerrilla hasta el punto de que 1957 sería, por fin y no en sentido figurado, un año revolucionario. El Asalto al Palacio Presidencial (marzo) o el alzamiento en la base de Cienfuegos (septiembre) fueron algunos de los éxitos del 57.

«Somos un ejército de civiles que regresaremos a nuestras ocupaciones profesionales tan pronto nos hayamos librado de Batista. Por eso no admitimos rango más alto que el de comandante». Así explicaba Castro el porvenir a Enrique Meneses, el primer periodista que subió a Sierra Maestra —las montañas que abrigaron al Ejército Rebelde— en 1958. En aquel momento, quedaba muy poco para derrocar al tirano y aún cuando el futuro no podía esperar, Castro seguía luchando antes por el pueblo cubano que por un ideal comunista. No sabía que su revolución le sorprendería incluso a él.

En efecto, en 1959, el éxito inminente de la guerrilla hizo huir a Batista hacia Santo Domingo. Era 31 de diciembre y las tropas del Che estaban a punto de tomar Santa Clara mientras Fidel se preparaba para entrar en Santiago de Cuba. El 1 de enero de 1959 será desde entonces la fecha oficial del triunfo de la revolución y el mismo día dos el Che toma las instalaciones militares de La Habana por orden de Castro.

La revolución había triunfado y, al mismo tiempo, estaba por venir. Los dos hombres de confianza de Fidel, el Che y Raúl Castro, su hermano, tenían posturas encontradas. Pro Pekín el primero —que no aguantaría la inclinación soviética que habría de tomar el régimen cubano—, pro Moscú el otro, ambos modelos a océanos de distancia. Fidel en cambio seguía fiel al Movimiento del 26 de julio (nacido del Partido del Pueblo Cubano), pero los comunistas habían crecido en estructura y organización desde que los guerrilleros se fueron a luchar a la Sierra y cuando Fidel entra en la Habana, el PC —que no se había fundado oficialmente— controlaba hasta el tráfico callejero.

En 1960 Fidel Castro es nombrado primer ministro y decide, en lugar de continuar con su vida civil —como tenía previsto en Sierra Maestra— continuar con la revolución desde el Estado. Con la reforma agraria, aprobada ese mismo año, quedaba claro el alineamiento con Moscú, y EEUU, que captó el mensaje, decretó ese mismo año, el bloqueo total de las mercancías destinadas a Cuba. Una curiosa combinación de tiempo y poder haría que Castro no volviera a quitarse el uniforme y, en lugar de recuperar su vida civil, aquel joven seguiría su destino hasta convertirse en el dictador que es hoy. Le honra no haber pedido más honores que los de Comandante, eso sí, en jefe.
 

Cuba, 50 años después
Por Raquel Quílez el Mon Sep 27 at 9:05 pm Uhr
 1 de enero de 1959. Los hombres de Ernesto 'Che' Guevara toman la ciudad de Santa Clara y Fidel Castro, líder de la guerrilla de Sierra Maestra, entra en Santiago de Cuba. Sabiéndose acorralado, el dictador Fulgencio Batista huye a Santo Domingo. La revolución ha triunfado. Fue el comienzo de un ideal construido sobre los principios de igualdad de clases, reparto de bienes y justicia social. 50 años más tarde, ¿qué queda en la sociedad cubana?

Los carteles con consignas revolucionarias proliferan a cada paso. 'Patria o muerte', 'Este país no podrá ser sometido', 'Vamos bien'... En una isla donde no existe la publicidad, los espacios más visibles de carreteras, calles y edificios los ocupan emblemas políticos. Los rostros del Che y Camilo Cienfuegos, héroes del 59, también son omnipresentes. Más difícil es encontrar a Fidel Castro, quien se autoproclama contrario al culto a su persona, aunque su figura lo cale absolutamente todo en el país. Incluso ahora, ya retirado de la actividad política.

Los mensajes son los mismos que en 1959, pero basta con observar la rutina diaria de sus 11,2 millones de habitantes para darse cuenta de que, sobre el terreno, la realidad es otra.

50 años después del triunfo de una revolución que cambió su historia, los cubanos están divididos. Ideológicamente —son muchos los detractores y también los defensores del régimen comunista— pero, sobre todo, económicamente. La división de clases es patente en la Cuba actual y se agrupa en dos categorías bien definidas: los que tienen acceso a la divisa y los que no. O, de forma más gráfica, los que trabajan cerca del turista o tienen familia en el extranjero que les aprovisione y los que deben vivir de su trabajo. Un trabajo que les deja una media de 408 pesos cubanos al mes (equivalentes a unos 12 euros). Los primeros se parapetan tras televisores, DVD, mp3 y ordenadores, auténticos objetos de culto desde que el Gobierno liberase su venta a comienzos de 2008. Los segundos hacen cuentas para adquirir productos de primera necesidad. Y casi nunca les salen.

Y es que los bienes que se ofertan en divisa —en la isla circulan dos monedas, el peso cubano y el convertible, divisa asociada al turismo en la que deben pagarse muchos productos, como los de higiene— tienen un precio similar al de Europa: cerca de 3 euros por un litro de leche, unos 4 por un champú. Y eso cuando el sueldo mensual lo tiene difícil para superar los 10.

Teniendo en cuenta el salario, son muchos los cubanos que prefieren no trabajar —el 20% de la población de La Habana está desempleada— y optan por buscar el dinero del turista. De ahí, que en la Cuba de 2009, sea más que habitual encontrar a un neurocirujano trabajando como taxista o que el camarero que sirve en los hoteles esté licenciado como ingeniero: una propina puede igualar en un minuto el sueldo que le correspondería por su titulación.

El Gobierno argumenta que los cálculos que tienen por base el sueldo mensual no son justos, ya que todos los ciudadanos tienen una cartilla de racionamiento que les garantiza alimentos a precios subvencionados y cuentan con sanidad y educación gratuitas —aunque después deben trabajar donde el Estado considere oportuno durante la llamada «prestación socia»—. «Lo malo es el bajo nivel de esta sanidad y educación», añaden los detractores.

El Partido Comunista trabaja cada día para mantener el espíritu revolucionario, para lo que reprime la crítica —en las cárceles había en junio de 2010 167 presos políticos, según organizaciones humanitarias— y celebra todo tipo de actos para conmemorar cada batalla, cada hito de la Revolución. Además, la televisión, oficial, bombardea con propaganda y las reflexiones de Fidel acerca de la actualidad se publican en todos los periódicos y se reproducen en todos los canales. No caben las voces disidentes.

En febrero de 2008, Fidel Castro, el artífice de todo esto, dejó paso a su hermano Raúl al frente del Estado. Sus problemas de salud le llevaron a retirarse de la presidencia.

Siempre a la sombra de su hermano, Raúl Castro comenzó con medidas aperturistas, como una reforma agraria para fomentar la productividad del campo —el 50% de las tierras útiles están sin cultivar y el país importa más del 80% de los alimentos—, pero su impulso se fue frenando. Su medida más polémica ha sido la conocida como 'Ley de no Acaparamiento', promulgada tras los desastres que provocaron los huracanes Gustav e Ike —según datos oficiales, dejaron pérdidas de 9.722 millones de dólares, equivalentes al 20% del PIB y afectaron a 530.758 viviendas—. La norma impone un tope a lo que puede comprar cada persona y ha puesto contra las cuerdas al mercado negro del que vivía la mayoría de la población.

50 años después de ese histórico 1 de enero, los cubanos viven una paradoja constante: indicadores económicos del tercer mundo —a los que contribuye el embargo que decretó EEUU en 1963— contrastan con marcas sociales propias de país desarrollado —esperanza de vida de 77 años; mortalidad infantil de 5,3 por cada mil nacidos vivos—; el alto nivel cultural de la población —la tasa de analfabetismo es prácticamente nula y 45.000 universitarios se licencian cada año— choca con la pobreza de la propaganda... En definitiva, unos dignos ideales se enfrentan a la dureza de constatar que no se han llevado a la práctica.
 

España habrá destinado unos 13,2 millones de euros en ayuda al desarrollo con Cuba cuando termine 2010
Europa Press | Madrid el Mon Sep 27 at 9:02 pm Uhr
 
España habrá destinado unos 13,2 millones de euros en ayuda al desarrollo con Cuba cuando termine 2010, según las previsiones del Gobierno español, que sólo se refieren a la cooperación bilateral y excluyen los fondos que llegan a la isla a través de aportaciones a organismos multilaterales.

Así consta en una reciente respuesta escrita del Ejecutivo al diputado del PP Gonzalo Robles y que recoge Europa Press. Los datos ofrecidos por el Gobierno ponen de relieve el salto cuantitativo que ha experimentado desde 2008 la ayuda al desarrollo dirigida a la isla.

Si entre 2004 y 2006 la ayuda bilateral se movía en un margen de entre 1,2 y 1,6 millones de euros por año, en 2007 ascendió a 2,7 millones de euros. Fue precisamente ese año cuando España reactivó la cooperación bilateral con la isla, a la que renunció La Habana tras las sanciones diplomáticas que la UE adoptó en 2003 en respuesta a la oleada de detenciones de disidentes.

En 2008, la ayuda al desarrollo de España hacia Cuba ascendió a los 14,8 millones de euros, mientras que los cálculos para 2009 (aún no se dispone de cifras definitivas) se sitúan en los 11,4 millones de euros.

Desde 2007, los ejes prioritarios de la cooperación española con Cuba tienen que ver con la gestión de los sectores productivos y de la infraestructura, desarrollo social, promoción del tejido económico y empresarial, medio ambiente, cooperación cultural y científica y género y desarrollo.

 

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